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        Como todos los pueblos de Puerto Rico, Hatillo tiene algunas tradiciones generalizadas como las fiestas patronales, navidades, velorios de Reyes y fiestas de Cruz. Pero como autóctonas por su exclusividad y estilo único de celebración la Máscaras y el Juego de truco no hay celebraciones similares. Ambas tradiciones fueron legadas por nuestros primeros colonizadores procedentes de Islas Canarias. El día de las Máscaras, como se dice en nuestro pueblo, que antes se identificaba también como el día de las Mojigangas, siempre se ha celebrado el 28 de diciembre, con grandes dimensiones y peculiaridad. Sin duda es mucho más que lo heredado y según la información obtenida de unos sacerdotes canarios visitantes en el 1977, Hatillo se ha excedido en la confección y celebración logrando una magnitud incomparable con la que ellos conocieron. Mojiganga significa, fiesta pública que se hace con disfraces ridículos para burlarse de otros, como se hacían anteriormente, sólo ha cambiado el antifaz, también se refiere a promesa o amenaza sin valor, eso lo dejamos a la discreción del observador. En mi libro Las Mascaras, tradición de mi pueblo, [1983] la investigación local me llevó a conocer y corroborar datos de personas sobre los 85 años con gran lucidez mental que a su vez testificaron los hechos y vivencias respecto a la tradición coincidiendo todos en lo mismo aún cuando residían distantes entre sus localidades vecinales. Todos los entrevistados dieron fe de los relatos que sus padres y abuelos le hacían respecto a la tradición. Las versiones indicaban que las máscaras representaban a los soldados de Herodes, en la persecución de los niños según los hechos bíblicos y el nacimiento del niño Jesús. Dicho sea de paso, esta narración dio lugar a discutir el tema de los inocentes, íntimamente relacionados con las máscaras o soldados herodianos. La tradición hatillana de los inocentes se celebra el 27 de diciembre, distinto a la fecha del calendario religioso que los registra el 28. Nuestra especulación, ya que no hay datos de corroboración histórica respecto a la diferencia en las fechas, nos lleva a pensar que la intención fue poner a los perseguidos al frente y los perseguidores después. Tradicionalmente los inocentes son niños en recorridos vestidos con ropas normales, pero se engalan con un gorrito hecho de tres bandas de cartón imitando una corona con lasitos de papel en colores, un palo cuadrado con punta y maceta simulando una espada con pintas del achiote nuevo, cundeamor y carbón. Temprano en la mañana salen a visitar las casas recibiendo dinero en pequeñas fundas y golosinas, regresando en o antes del mediodía. Cada visita a los hogares significa que al llegar maceteen en las escaleras hasta que alguien se presente para gratificarles. Algunos utilizan un estribillo que dice; ¡OH manina, OH manina, si no me das chavo [dinero] te brinco hasta la cocina! Manina quiere decir, madrina. Por mucho tiempo algunas personas identificaban a los inocentes como los, OH manina. Apuntamos que de esta tradición al estilo antiguo sólo quedan algunos niños que el Centro Cultural prepara para tratar de mantener la costumbre. Ignorantemente muchos padres están contribuyendo a la desaparición de los inocentes al vestirlos con trajes de máscaras, o sea, de inocentes perseguidos, se convierten perseguidores de estos. Cada inocente en particular tenía hogares de preferencia porque eran sus familiares y en vez de dos centavos le daban cinco o más. Pocos niños se quedaban en sus casas en el pasado sin disfrutar de un día tan especial y por demás muy bello.

       

            Al principio las máscaras eran hombres vestidos elegantemente con ropa de mujer y en sus recorridos al visitar hogares se identificaban como damas de la sociedad o de profesión. Con el tiempo comenzaron los disfraces pintándose con el tizne de los calderos o fabricaban caretas o máscaras [de ahí el nombre]  hechas de  higuera, barro y cartón. De acuerdo al trabajo investigativo en o cerca del 1940 se comenzó el uso del precursor atuendo o traje de máscaras actual. En sus inicios era en tela de algodón muy sencillo, compuesto por dos colores fuertes, rojo y amarrillo sin cascabeles No eran tan holgados como al presente y los ribetes o rizos eran muy pocos, dos en los laterales de las patas del pantalón, dos en las mangas y uno alrededor del volante o manto a mitad de la espalda. Algunos participantes utilizaban papel crepé, incluyendo un sombrero forrado tipo pava (el mismo que usaba nuestro campesino, jíbaro, en Puerto Rico. La edad promedio para “correr máscaras”, que en el argot hatillano es participar en las correrías, era de los quince años, en el pasado algunos menores lo hicimos el Día de los Inocentes, pero en horas de la tarde cuando estábamos fuera de la edad para salir de inocentes, los nueve  años. Entre estos menores y algunos adultos se distinguía una vestimenta llamada máscaras traposas porque se utilizaba un traje de la mamá o una hermana, caretas de cartón o caja de zapato, agujeradas con un carbón encendido.

            Para la década del cincuenta ya se utilizaban otros colores, básicamente el azul y verde u otros variantes incluyendo telas floreadas. Eran más engalanados con la inclusión de cascabeles y lentejuelas y canutillos para los mantos y sombreros. La vestimenta tuvo pocas variaciones hasta que se inició el Festival de Máscaras en el 1971. Aclaramos que el día de las máscaras siempre existió de manera regular y que el Festival es una actividad relacionada que tiene un propósito organizativo de competencias en la presentación de los grupos o comparsas. Compiten tres temas, típicos, religiosos y vistosas.  Tradicionalmente las máscaras utilizaron dos medios para movilizarse en sus recorridos, mayormente a caballo y a pie. En los años sesenta ya se usaba el vehículo motorizado, más bien el jeep y camionetas, pero en el Festival se popularizaron las carrozas y los jeep. Cuando se formalizó la competencia los trajes o atuendos aumentaron los costos en gran medida al producirse una preparación y confección con telas y diseños finamente elaborados. Antes del Festival un traje costaba unos $100, en la actualidad fluctúan entre $300 y $600, sin incluir la elaboración de las carrozas en cuyo caso algunas tienen un valor entre los diez mil y veinte mil dólares. El volumen  de tela para uno de los exóticos trajes es de 17 yardas y entre 500 y 600 cascabeles. El Festival es el más grande en Puerto Rico y uno de los primeros internacionalmente por varias razones, participan todos los barrios y el pueblo. Lo hacen desde bien temprano en la mañana [6:30 am]  hasta altas horas de la noche cubriendo partes de los pueblos de Arecibo, Camuy y Quebradillas. Se presenta el más hermoso colorido con un alto número de participantes,   el pasado  Festival [2004] ascendió a 3,530 máscaras. Esta distinción es muy difícil de igualar en cualquier actividad de carácter internacional. Pero para lograr todo lo anterior hay que reconocer la ardua y constante tarea de casi todo el año que llevan a cabo las artesanas de la exótica vestimenta, las señoras costureras, varias de ellas con muchos años en la confección de los atuendos o trajes. Las últimas semanas previas al Día de Las Máscaras le crean largos desvelos para cumplir con los compromisos de los grupos. Después de la celebración al otro día comienzan los preparativos para el año que sigue.

 

 

 

 

 

 

 

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