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Hatillo, Pueblo
sin Sopas
La historia ni se niega ni se
oculta y es por eso reseñamos un hecho que está relacionado con un dicho
muy popular con el que algunos nos identifican, “Hatillo, pueblo sin
sopas”, así ocurre con otros pueblos y no debe de molestar a nadie algo
que no es ofensivo. Se alega que una mañana llegó al pueblo un
trasnochado visitante buscando un lugar, más bien las típicas fondas
para comer unas sopas. Después de un recorrido en las pocas calles
existentes sin lograr su propósito, se encaminó a la estación del tren,
que pasaba aledaño alas calles del sur y este, salió en ruta a Arecibo y
mientras el tren recorría el tramo urbano el frustrado caballero gritaba
desde su ventanilla a todos los parroquianos, ¡Adiós, Hatillo, pueblo
sin sopas! Imaginamos que eso debió haber sido antes del 1943, cuando
don Jorge Oliver comenzó una fábrica para producir pastas, dicho más
claro, fideos, que se consumían en abundancia y repetidamente. La
Medalla, que así se llamó la elaboradora, puso a la gente de Hatillo y
pueblos aledaños a comer sopas en abundancia y desde entonces se acabó
lo de pueblo sin sopas.
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